Había comenzado a aclararse la impenetrable oscuridad en el horizonte, lentamente el nocturno velo se retiraba y daba paso a una tímida y apagada luz, arrullada por el canto monocorde de los grillos. La ciudad aún dormitaba y sin embargo había un alma joven y apresurada por la inminencia de su despertar.
Dispuso las pocas cosas que consideraba útiles sobre la cama y las colocó en el interior de una pequeña bolsa, estaba listo y su inflamado pecho así lo atestiguaba. Abrió las ventanas y la fría brisa matutina le envolvió con su abrazo, aspiró profundamente y contempló el horizonte, la luz iba ganando en confianza y presencia. Se sonrió y dedicó un último adiós a su mundo, un reclamo más vasto le llamaba y atraía, hacía ya un tiempo que le venía cantando hasta haber captado su atención y esa mismo noche le había ganada para sí, esa misma noche la sagrada misión de una búsqueda se había apoderado de su ser. Con alegría y determinación se deslizó fuera de la estancia y encaminó sus pasos fuera de la ciudad, hacia el horizonte del que procedía la luz.
Sin embargo no había de ser el único en salir raudo de la ciudad, otro alma joven, acuciada por terribles actos cometidos en el pasado, huía atropellada en dirección opuesta, en la dirección contraria a la salida de la luz, en un desesperado intento por fundirse con las sombras y poder escapar a sus recuerdos.
Pasaron los años y el joven aún mantenía la esperanza de la búsqueda, de cuando en cuando se topaba con prístinas huellas que lo dirigían a nuevos lugares, más cuando con mayor ahínco y dedicación las buscaba, más burlonas y esquivas se mostraban. Y así el tiempo fue transcurriendo y comenzaron a escasear cada vez más, a mostrarse cada vez más hurañas, hasta que un buen día desaparecieron en el linde de una áspera tierra que desembocaba en un interminable desierto de abrasadas dunas. La desesperación se adueño entonces de su corazón, volvió la vista atrás y pensó en el confort de su hogar, en todo lo que había sacrificado y en sus manos vacías y huesudas. Supo entonces que ya no le quedaba más que seguir hacia delante, dejó a un lado su pequeña bolsa y se adentró en el desierto.
Para el joven que huía también había corrido el tiempo, pero de un modo diferente. Nunca pudo fundirse con las sombras y sin embargo los atroces fantasmas de su pasado todavía no habían conseguido alcanzarlo, una tibia calma presidía habitualmente su vida y aunque era incapaz de no echar una mirada hacia atrás, cada vez lo hacía con menor frecuencia. Aún así, las oscuras fuerzas que lo perseguían eran demasiado horribles como para volverles definitivamente la espalda, por lo que tomó la determinación de alejarse todo lo que pudiera de ellas, de internarse en un lugar a donde no pudieran seguirlo. Ocultó su bolsa de viaje bajo la tierra y se adentró en el desierto que abrumador se desplegaba ante el.
Largo y penoso fue el camino que se encontraron, sin apenas agua y comida, lacerados por el calor y por el frío, sin saber si habían perdido la razón, si deliraban, asediados por terroríficas imágenes, tentados por sus anhelos más secretos y obligados a avanzar sin descanso. Que importaban ya las motivaciones que les habían empujado hacia aquel lugar, que importaba ya la búsqueda o la huida. Llegó un momento en que inclusive las ropas comenzaron a pesarles en exceso, a rozarles y herir su debilitado armazón por lo que se las quitaron y siguieron su camino siempre hacia delante, sin motivos, sin dudas, sólo caminar.
Ocurrió entonces que el hombre que inicialmente emprendió una búsqueda, vio una extraña luz negra en la lejanía, que no parecía surgir de parte alguna. Y el hombre que inicialmente había emprendido una huida, contempló una intensa luz blanca suspendida. Se acercaron con cautela pero sin desconfianza, aquella luz no parecía irradiar nada hostil, pero tampoco nada benéfico, simplemente estaba allí. Se hallaban ya muy cerca cuando de pronto algo les sobresaltó, una imagen parecía surgir de dentro de esa luz. Una imagen de un hombre. De ambas luces, negra y blanca, surgió una figura que sorprendió inicialmente a los dos hombres. Aquella imagen era el mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.